Este verano cambiaremos el flotador por el rescate

Este verano no habrá vacaciones para los desahucios, ni para los números rojos, ni para el subsidio que se acaba. No se disolverán las filas del paro, ni la incertidumbre de un futuro oscuro, ni los recibos escondidos en el cajón, ni los activos tóxicos.

Será un verano de piscinas de plástico en las terrazas, de vacaciones olímpicas a través del televisor, de los abanicos en marcha y los aires acondicionados apagados para evitar la temida factura.

Este verano las maletas serán facturadas para volver a casa de “mama” y los jóvenes más preparados usarán pasaportes sin fecha de vuelta. Seguirán bien presentes la prima de riesgo, el déficit del Estado, los recortes o el incremento de tasas en los servicios públicos.

Será un verano de más presiones en la nómina y menos soltura en el consumo. Cambiaremos el chiringuito por nuestra cocina, el restaurante del paseo marítimo por el comedor social, el apartamento por la casa del pueblo, el flotador por el rescate.

Este verano la dieta será por necesidad, el salario seguirá sin estirarse lo suficiente, los propósitos para septiembre serán limitados, el tiempo libre será rutina.

Será el verano del dos por uno, del universitario que trabaja en la hostelería para pagar su matrícula, de la pensión que consigue salvar la escapada familiar, del agua al cuello sin estar en la playa. Será el verano de los lunes al sol y sin protección.

Asústense, yo lo estoy, el verano es aprovechado por los poderosos para tomar decisiones impopulares. Ellos tienen una extraña creencia; que las altas temperaturas acabarán con las neuronas del ciudadano y su capacidad de reaccionar.

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2 comentarios

Archivado bajo Pensamientos

2 Respuestas a “Este verano cambiaremos el flotador por el rescate

  1. Me temo que tienes toda la razón. Existe esa creencia que las malas noticias mejor en verano que la gente está en la playa…. pero cada vez son menos los que salen de vacaciones. Además una cosa es la decisión (por ejemplo subir las tasas) y otra es encontrarte con el momento de pagarlas.

  2. Podría decirse que pecas de pesimista, o de trágico, o de no sé cuantas cosas más, pero lo realmente jodido es que tienes toda la razón. Y lo más triste no son todos esos recortes, que nos ahogan a todos un poco (a unos mucho más que a otros) si no los que van minando día a nuestras ganas, nuestro ánimo y nuestras esperanzas.
    Como bien dices, nos espera un triste verano que, por lo que parece, se repetirá durante los siguientes cuatro años, porque el miedo, la cobardía, o no sé bien el qué, no nos deja ni siquiera hacer algo para que se metan la tijera por donde más les duela.

    Un abrazo desde Gasteiz.

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