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Es cierto, señor Rajoy, la mayoría no se manifiesta pero ya está preparando la pancarta

Señor Rajoy, desde el otro lado del planeta ha hecho usted un reconocimiento a “la mayoría de españoles que no se manifiesta, que no sale en las portadas de la prensa y no abre los telediarios”. Calcula usted que son la mayoría de los 47 millones de personas que viven en España, pero sus cálculos están equivocados. De hecho, cada día en los medios de comunicación les vemos desfilar entre desahucios, colas del paro, subidas de impuestos, comedores sociales, congelación salarial, reducción de consumo, cierre de negocios…sobreviviendo a esta realidad que está desintegrando su bienestar social.

Sólo ha acertado en decir que “no se les ve, pero están ahí”, aunque mal expresado. El problema es que ni usted ni su gobierno les ven, pero efectivamente están ahí.

El juego de “las dos Españas”, que durante años han alimentado por igual su partido y los situados a la izquierda, está perdiendo seguidores. La mayoría de los ciudadanos estamos formando nuestro posicionamiento político lejos de las líneas marcadas por los actuales partidos. Y nuestro alejamiento es cada vez más profundo.

Ya no somos ni fachas, ni rojos, ni liberales, ni comunistas, ni antisistema…en estos tiempos de dificultades económicas sólo queremos justicia, sacrificios compartidos, sensibilidad y austeridad bien suministrada. ¿Es mucho pedir?

Esos ciudadanos que usted no ve, no entienden que haya una clase privilegiada formada por políticos y asesores, banqueros y defraudadores, sindicatos liberados y adjudicatarios públicos…

Nos repugna descubrir que en la España de los recortes, una madre pague más por mandar a su hijo con tuper al colegio que un diputado por el menú del restaurante en la Asamblea de Madrid. Nos indignamos cuando conocemos que hay que pagar la ambulancia que nos lleva a recibir un tratamiento de diálisis o quimioterapia mientras que cada diputado del Congreso cuenta con cerca de 20.000 euros para viajes en “bussines”. Nos enfadamos al ver que mientras los funcionarios se han quedado sin paga y han visto reducir su sueldo, ustedes mantienen asesores con salarios sobredimensionados y sospechosas funciones.

Nuestro poder adquisitivo se ha transformado en conseguir llegar a fin de mes. Estamos rodeados por el copago farmacéutico y sanitario, la subida de tasas universitarias, los precios de escuelas infantiles, la subida de impuestos, la congelación salarial, apuntaladas con peor sanidad y educación. Y seguimos buscando la persecución contundente del fraude fiscal, el impuesto a las grandes riquezas, el adelgazamiento de las administraciones públicas, el impuesto de transacciones financieras o una banca de la economía real y social.

Es cierto, señor Rajoy, la mayoría no se manifiesta pero ya está preparando la pancarta, al menos en su interior.

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“Tener sangre azul es la mejor forma de sobrevivir al rescate”

En esta crisis sólo paga el tercer estado. Es el pueblo llano sobre el que está recayendo todo el peso de una situación que ni siquiera entiende. Términos como “prima de riesgo”, “bono basura”, “producto tóxico” o “agencia de calificación” se han incorporado a las conversaciones de la parada del bus. Pero el problema es que cada día hay menos autobuses.

El paro, los recortes y la subida de impuestos son las consecuencias directas que interrumpen en nuestra vida diaria. La nobleza nos pide cada día esfuerzos acogiéndose a la formula creada por el clero en la Edad Media; “el chantaje de la condena al infierno”.

Eliminen de su cabeza la visión demonizada del clero y los banqueros, hoy nuestros dirigentes políticos y sus partidos, los sindicatos y hasta los jueces forman parte de la nobleza contemplativa e intocable en el momento económico más complicado de la historia de nuestro país. Ellos pecan cada día y nosotros vivimos nuestro particular vía crucis. El vaso de la paciencia está a punto de llenarse.

Pensiones millonarias de malos gestores financieros, sueldos desorbitados para los cargos institucionales, uso de los recursos públicos en su vida privada y sobre todo los privilegios. La iglesia y cualquier otra confesión religiosa pero también los partidos políticos, los sindicatos, las fundaciones…deberían pagar IBI por aquellos inmuebles que no estén acogiendo una labor social o solidaria. Esos privilegios fiscales deberían acabar no por imposición, sino por humanidad y “patriotismo”.

Hoy, no muy por debajo de Dios, está la Casa Real y la Casa de Alba. Tener sangre azul es la mejor forma de sobrevivir al rescate.

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Hacerse el sueco

La clase política, los grandes empresarios y las riquezas más ilustres de este país están desentendiéndose de las graves consecuencias que sus recetas de austeridad y contención del gasto están provocando en la sociedad. España es el único país de la OCDE donde los salarios reales no han crecido en 15 años. Insisten en que nuestra recuperación pasa por mejorar nuestra competitividad exterior pero ¿qué pasa con nuestro mercado doméstico?

La subida del IRPF, el incremento del precio de la gasolina o el deterioro de los servicios públicos están provocando una importante merma en nuestra capacidad de consumo. Se han preguntado a quién venderán sus productos o servicios las PYMES generadoras del 80% de los puestos de trabajo en nuestro país. Esta reducción de la actividad económica real y la falta de crédito ¿no provocarán sino más cierre de empresas y un incremento del desempleo?

Mientras no acabemos con el terrorismo financiero y las entidades bancarias no vuelvan a la economía real no habrá salida en este túnel de despropósitos.

Los economistas Vicenç Navarro, Juan Torres y Alberto Garzón sostienen en su libro “Hay alternativas” la necesidad de cambiar el enfoque; el problema es la falta de ingresos del Estado y el granero donde encontrar esa financiación no son las nóminas de los trabajadores.

Banca, multinacionales y grandes riquezas en nuestro país sólo pagan el 20% de lo que se paga en Suecia. Un empresario aporta al estado español menos que un trabajador, las grandes empresas sólo un 10% de sus beneficios y las grandes riquezas un irrisorio 1% a través de las SICAV.

Más fiscalidad a las rentas de capital y una persecución real al fraude fiscal nos permitiría afrontar un mayor desarrollo de nuestro sector público, el de menor financiación de la Unión Europea de los quince. Si lleváramos nuestro 9% de inversión al 25% actual de Suecia, el estado crearía cinco millones de empleos. Otra vez los suecos.

Si estábamos ante una esclavitud adornada con democracia y mantenida por el opio del consumismo… tengan cuidado, la droga se está acabando.

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