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Ropa vieja

Que me perdone esa fantástica y tradicional receta madrileña, pero tengo la sensación de que vivimos rodeados de “Ropa Vieja”, estamos aprovechando y rentabilizando las sobras.

Ha reaparecido un garbanzo negro, el que se tizno en las Azores, para erigirse salvador de la patria. Ante la falta de liderazgo en el Partido Socialista, imagino a Rajoy descubriendo sorprendido que su mayor enemigo está en casa, escondido entre la verdura que sobró de su último cocido político.

la fotoEl pollo, la punta de jamón y el morcillo de ternera vuelven de forma artificial y forzada al debate social. La religión vuelve a ser evaluable en el currículo de nuestros estudiantes, un sabor “viejuno” de otras épocas y de otros “regímenes”. Es increíble tener que recordar a estas alturas que vivimos en un país laico. Si en lo económico gobiernan los banqueros, en lo social reina la Santa Madre Iglesia. Y se ha empeñado, a través del Ministro Gallardón, a imponer su receta antiabortista. Tengan cuidado porque la cebolla cruda hace llorar y repite.

En el fondo del paladar continúa el sabor agrio del recurso a la ley de Matrimonio Homosexual, una realidad aceptada por la mayoría de la sociedad española. Pero en este país, ya saben, hay estómagos a los que les cuesta la digestión del progreso.

Hay cocineros que intentan realzar los sabores, otros sólo buscan enmascarar el chorizo picante fabricado en Génova o en la Junta de Andalucía. Quitarle presencia al pimentón de infantas sospechosas o dar todo el protagonismo a la tarta nupcial de una boda subvencionada.

Cuando el aceite de oliva sabe a colza, el ciudadano ya no se mete la cuchara en la boca. La política ha perdido toda su credibilidad, ha desconectado absolutamente de la realidad social, no se ocupa de buscar soluciones reales a esta difícil situación, pierde talento nacional y ni siquiera intenta buscar un gran pacto de Estado.
Necesitamos una nueva receta.

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Eufemismos, engaños y otros usos políticos

Me gustan las palabras; las honestas, las contundentes y hasta las que mienten. Mejorar la realidad individual mediante el lenguaje puede ser un acto de heroísmo, de humanidad e incluso de supervivencia. Debería ser un derecho embellecer nuestro pequeño universo con palabras que eviten lo catastrófico, lo oscuro, lo inconfesable. A la vez, debería ser un delito su uso en la expresión pública.

Evitar palabras gruesas en los discursos son sólo artimañas para no afrontar el problema o aún peor para no desnudarse. Esconder las verdaderas intenciones y ocultar un pensamiento no aceptado, pero bien fijado en su conciencia, se está convirtiendo en costumbre de la mala práctica política.

“Violencia en el entorno familiar” no es lo mismo que “violencia de género, no podemos asumir que se esconda el factor del machismo en los crímenes. Su uso por parte de los responsables públicos puede marcar un paso atrás en la lucha contra este “femicidio” nacional.

El nuevo Ministro de Economía habla de crecimiento negativo para los próximos meses en nuestro país, evitando en todo momento la palabra “recesión”. Sobre la mesa se acumulan lo que denominan medidas de austeridad y contención del gasto cuando en realidad se refieren a recortes sociales y deterioro de los servicios públicos. Afrontémoslo.

Es histórico este uso manipulado de las palabras entre nuestra clase política. Durante años hemos oído hablar de las aulas transitorias, meros barracones de cartón piedra necesarios ante una mala planificación de las necesidades educativas.

Frente a los eufemismos, encontramos las falsas nominaciones. En pleno municipio de Madrid encontramos el “Centro de Internamiento de Extranjeros” una realidad oculta y consentida por el gobierno socialista. ONG´s, el Defensor del Pueblo,la propia ONUy varias sentencias judiciales la han descrito en sus términos más gruesos; almacén de sin papeles hacinados, sin justicia ni ley donde una botella se transforma en urinario, donde los derechos humanos son palabras perdidas…donde ni el lenguaje es capaz ya de tapar las vergüenzas.

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Nueve millones setecientos diez mil setecientos setenta y cinco españoles no ejercieron su derecho al voto en las últimas elecciones generales. Tres de cada diez ciudadanos no confiaron en las variadas opciones políticas propuestas, rechazan el actual sistema o simplemente refugian su indignación en el silencio de la apatía social. Si consiguiéramos arrinconar nuestro amor a la democracia y el profundo respeto a los que lucharon por el derecho a elegir, otros muchos hubiéramos tomado la opción de quedarnos en casa.

Los defensores de la socialdemocracia han ejercido durante años de neoliberales manejados por “los mercados” como verdaderas marionetas javanesas de un teatro de sombras. El descaro es cada día mayor. Como bien recoge Rosa María Artal (@rosamariaartal) en su último ensayo “La Energía Liberada”, los altos ejecutivos del sector bancario, responsables de la crisis económica en todo el mundo, dirigen públicamente y sin pasar por las urnas la política europea.

Wayang-figure for shadow theatre, Java, Indonesia

Los recortes en sanidad, educación o servicios sociales se pasean sin rubor de la mano de la subida de impuestos, la congelación de salarios o la merma en los derechos laborales. ¿Quién tendrá la valentía de acabar con los beneficios fiscales de grandes riquezas y multinacionales? ¿Se impondrá un gravamen a las transacciones financieras? ¿Cuándo se perseguirá seriamente el fraude fiscal en nuestro país? ¿En qué momento se erradicarán los sueldos públicos inflados, los gastos superfluos o las administraciones sobre-dimensionadas? ¿Se abrirá el debate sobre la utilidad real del Senado o de las Diputaciones? ¿Alguién entenderá que las políticas de educación, investigación o igualdad de oportunidades son nuestra única baza de futuro?

Mariano Rajoy ha llegado al gobierno con suficiente poder para ser valiente. No es fácil la tarea, ni el entorno, ni la situación heredada… ¿Optará por romper con el camino iluminado por el Dios de los mercados o se convertirá en el segundo presidente de tela, cartón y gomaespuma de la historia de España?

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19N: Jornada con reflexión e influencias en Twitter

En el artículo 144 de la Ley Orgánica 5/1985 del Régimen Electoral General se recoge que “serán castigados con la pena de prisión de tres meses a un año o la multa de seis a veinticuatro meses” quienes realicen “actos de propaganda una vez finalizado el plazo de la campaña electoral”.

La conocida como Jornada de Reflexión se implantó en nuestro país para evitar incidentes entre simpatizantes de los diferentes partidos políticos y sobre todo propiciar un voto “sin influencias”.

En el año 1985, cuando se aprobó nuestra actual ley electoral, en España sólo un grupo de físicos de altas energías de seis Centros Académicos y de Investigación estaban conectados en red. Hoy somos más de 27 millones de internautas, hay 15 millones de usuarios españoles en Facebook y más 3 millones de “twitteros”*.

Este 19N, estoy seguro de que los perfiles oficiales de los principales partidos y candidatos quedarán silenciados. ¿Pero la Junta Electoral perseguirá los “tweets” de militantes y simpatizantes?

Imagino a magistrados y catedráticos tropezándose con su toga en “muros” y “timelines” en su tarea de mantener la objetividad y transparencia del proceso electoral.

Las redes sociales seguirán siendo, como en las últimas semanas, el paraíso de la opinión política. Ese gran foro de discusión en la que las armas son las palabras y la batalla se decide entre eslóganes e idearios de partido.

Los medios de comunicación abrirán sus informativos con las concentraciones de indignados, que como ya ocurrió en las elecciones autonómicas, reflexionarán de forma colectiva, crítica y en ocasiones contradictoria en plazas de toda España.

Mientras en las redes sociales se compartirán libremente argumentos a favor y en contra de ese, este o aquel candidato, se recordarán los errores de uno y otro bando, aparecerán las fórmulas mágicas que necesita el país….y al final alguien pedirá el voto.

Hasta el proceso más importante de nuestra democracia está marcado por lo absurdo, la comedia de un país de pandereta.

*(Datos Nielsen Mayo 2011)

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El final de ETA y la reconciliación social

Forges y el fin de ETA

El anuncio de una ETA asfixiada por la acción policial abre todo un proceso de resolución de un conflicto que ha dejado en el camino a cerca de ochocientas cincuenta víctimas mortales. La gente de bien de este país aceptará, con mayor o menor ruido político y mediático, el acercamiento de presos o el fin de la doctrina Parot. Medidas de normalización que restituirán a los terroristas los beneficios penitenciarios que hoy tienen homicidas, pederastas o violadores. Los acusados cumplirán sus condenas hasta el último día y la izquierda abertzale participará del debate político desde el respeto a las normas fundamentales de nuestra, imperfecta pero valiosa, democracia.

Es fundamental enterrar el pasado y romper el prisma de una sociedad secuestrada e influenciada por la terrible sombra de la violencia. Desaparecerán los férreos controles de la Guardia Civil en las carreteras de Euskadi y se apagará la voz de aquellos que cantan todavía hoy el “Eusko gudariak” en las fiestas del pueblo. Dejaremos de pensar que el que lleva una Ikurriña es terrorista y que la bandera española es símbolo de la ultraderecha. No entrarán más las escopetas por la ventanilla de los coches y la palabra “España” dejará de estar prohibida en las parroquias. La policía nacional y autonómica no tendrá que esconder su rostro y la opción independentista ya no se relacionará con la barbarie. Reclamaremos que los responsables de trescientos asesinatos sin resolver se sienten en el banquillo y condenaremos a aquellos que sin el amparo del estado de derecho hayan sobrepasado los límites en la detención o el interrogatorio de un violento.

Somos todos nosotros, de cualquier ideología e identidad territorial, los que debemos reconocer y abrazar a las víctimas, acabar con años de silencio ante su dolor, ser generosos en el perdón y enterrar para siempre  un odio incompatible con la democracia y la paz.

http://www.elpais.com/comunes/multimedia/videoAS3/skins/elpaisEMB/PLYVideo_elpaisEMB.swf

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Tiempo de incoherencias

En este país, las empresas cierran porque las propias administraciones les adeudan servicios millonarios. Las facturas se acumulan en un despacho convirtiéndose en pruebas de un delito que nadie persigue. Curiosamente ese despacho se parece mucho al de un banquero que rechaza una ampliación de préstamo para un negocio con producción garantizada.

Los trabajadores asumen la congelación de sueldos, el sobreesfuerzo laboral, la presión de la supervivencia o el retroceso de sus derechos. En frente, un “electo digital” autoriza el despido masivo en una multinacional con grandes beneficios. El hombro de algunos solo se arrima para llevarse al bolsillo, entre el crucifijo y la bandera de España, un buen puñado de billetes.

Los que acaban de llegar al poder se justifican en la herencia económica, los nobles que ya gobernaban apuntan al reinado de la ceja. Tengo curiosidad por saber cuál será el disfraz estrella de la próxima temporada. Gastos superfluos y sobresueldos sobreviven bajo la alfombra. Siempre pensé que la educación y la sanidad eran intocables pero la tijera ya se aproxima a nuestra ropa interior.

En esta tormenta económica casi todo el mundo olvida a los ayuntamientos. Nuestras administraciones locales intentan esconder treinta millones de euros de deuda en los cajones de tesorería. Los excesos han marcado los tiempos del ladrillo y ahora se hace imposible el mantenimiento de mega-infraestructuras, de plantillas funcionariales sobredimensionadas, de asesores innecesarios, de chóferes con sueldo de alcalde y alcaldes con sueldo de presidente del Gobierno.

www.elpais.com

"Los recortes" según Forges - http://www.elpais.com

La tijera ya ha empezado a cortar y llegará a los servicios al ciudadano. Los más importantes ni siquiera son de competencia municipal pero han sido asumidos ante la incompetencia del competente. En tiempos del “ladrillo de oro” nadie quiso abordar la reestructuración de las administraciones o la necesaria segunda descentralización.

¿Se fusionarán ayuntamientos para ahorrar costes? ¿Se eliminarán diputaciones? ¿Se reducirá el tamaño político de las comunidades autónomas? ¿Cómo se justificará la existencia del Senado? ¿Alguien estará dispuesto a perder un solo céntimo de poder a cambio de garantizar los servicios públicos?

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El mercado de la Paz

Definitivamente se ha roto la brújula.

El odio no tiene espacio en la democracia.

La generosidad del perdón debería ser una cualidad política.

El final de un conflicto nunca puede ser la bota en la cabeza.

La paz se ha convertido en arma política.

Algunos piensan que dialogar es escucharse así mismo. Otros que sólo son suficientes los gestos. Los peores ni siquiera ven esos gestos.

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Con “R” de rabia

Me da rabia, mucha rabia, la incoherencia política, nuestra desmemoriada sociedad y el “galleguismo” como pilar de una estrategia de victoria. En dos meses estaremos otra vez hablando de ideas políticas, proyectos,  soluciones…iluso de mí. ¿Cómo reaccionarán mis intestinos a la secuela electoral?

Las próximas elecciones se inscribirán con “R”. La erre, no confundir con su antítesis, la ere. Esta última no tiene ambición de liderazgo, nunca ocupará la cabeza de ninguna sopa de letras, es colaborativa y necesita de los demás para existir.

Rajoy es la opción de “la ambigüedad es buena consejera, o no”. El señalado por el todo poderoso dedo de la mano que meció la cuna de Bush, insiste en criticar al cadáver sin presentar su propio testamento. El esfuerzo y la acción han dejado de ser ingredientes de éxito. Los “Nini” son la nueva élite de la sociedad. Dejan de ser unos incomprendidos, para convertirse en los futuros líderes del mundo “involucionado”.

Rubalcaba es la opción de “ningún pasado sobrevive al candidato”. El hombre fuerte del ejecutivo de la negación y lo absurdo, se ha convertido en el gran iluminado. Dice tener las soluciones que necesita el país, las fórmulas magistrales del progreso, las recetas contra el desempleo e incluso las vitaminas para el crecimiento económico. Lástima que todo se le haya revelado justo cuando salió del gobierno. Hablando catalán.

Ambos contarán con la complicidad de la sociedad. Unos porque creerán elegir la menos mala de las opciones y otros simplemente por besugos. Perdón, lo digo por sus tres segundos de memoria.

Sólo encuentro algo tangible de esta vía rápida de escape,  Zapatero y su equipo por fin hablan con veracidad. No la que merecemos los ciudadanos por respeto democrático sino la que otorga involuntariamente no tener nada que ganar. Mejor dicho nada más que perder.

Y esto, aunque parezca punzante, a mi me calma la rabia.

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La indignación justificada

Ha ocurrido lo impensable. Mientras España asume los mayores recortes de la historia y Grecia se hunde bajo las tumbas de sus filósofos inmortales, algunos de nuestros políticos se han perdido entre los anillos de Saturno. Prefiero decir que no son de este planeta, que asumir que se han unido a la moda usurera del banquero.

Bombardeados por mensajes de hundimiento económico, de responsabilidad ciudadana, de aumento de impuestos, de recortes presupuestarios en servicios básicos…la sociedad civil está dispuesta a hacer esfuerzos. Pero nos faltan líderes y ejemplos políticos y nos sobra combustible para el incendio del 15M.

Estos días de tomas de posesiones y “juras bíblicas” vemos estupefactos como algunos de nuestros políticos viven en una realidad paralela. No hablo de economía, es una cuestión de gestos de decencia.

No podemos tolerar que las primeras decisiones de varios de nuestros alcaldes y presidentes autonómicos tengan que ver con la subida de los sueldos del gobierno de turno, la liberalización de más electos o el aumento del número de “asesores de dedillo”.

No soporto las justificaciones basadas en las cuentas saneadas, los remanentes positivos de las cuentas públicas, las reestructuraciones de gobierno o una buena gestión de los recursos económicos. Me indigna escuchar que en el debate político en torno a la crisis se apunte con la tijera a materias intocables como la sanidad, la educación o los servicios sociales.

Pagaré más impuestos, trabajaré más por menos y asumiré unos peores servicios públicos pero no estoy dispuesto a ver como el dinero público financia sueldos inflados en la administración, mantiene competencias duplicadas o reparte subvenciones a dudosas (cuando no rechazables) causas de sectarismo y capirote.

Hagan su propia lista; aeropuertos sin aviones, alcaldes con sueldos más altos que el del propio presidente del Gobierno, pseudo-embajadas nacionalistas, comunidades autónomas miopes ante las necesidades sociales, políticas de “autobombo marketiniano”… ¿todavía hay alguien que no entienda la indignación?

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Indignados activistas, indignación “cool” y los que no se indignarán jamás

Miles de jóvenes han trasladado a las plazas de toda España la inquietud y el enfado que desde hace meses se mueve en las redes sociales. El movimiento 15M ha conseguido la atención y complacencia de los medios de comunicación. Cuentan con la simpatía de gran parte de la sociedad, pero a la vez son ignorados por la izquierda, repudiados por la derecha e insultados por el “TDT Party”. Los
indignados han conseguido una ola de reflexión en los grupos de amigos, las tertulias familiares o el café mañanero de los compañeros de trabajo.

Ese ha sido su gran éxito, han despertado el interés ciudadano por la política. Han demostrado la capacidad de la sociedad para ser crítica y construir su propio futuro.

Una de las numerosas asambleas del movimiento 15M en la Puerta del Sol - Madrid

Ellos han conseguido el gran foco, pero las redes sociales y muchos pequeños foros públicos ya hervían cuando se rescató a las entidades financieras mientras sus “gurús” cobraban primas multimillonarias, cuando se aprobaron verdaderos recortes al estado del bienestar, cuando los trabajadores empezaron a ver como bajaban sus nóminas y menguaban sus derechos o las múltiples ocasiones que algún dirigente privatizaba un servicio sanitario o cedía suelo para la educación “influida”.

Mis indignados no estuvieron en Sol cuando denunciaban a golpe de teclado la falta de respuesta de los gobiernos democráticos ante la represión de la “primavera árabe”. No ocuparon la portada del periódico de la mañana cuando soplaban las velas de la Flotilla por la Libertad de Gaza. Ninguna emisora de radio abrió el informativo cuando señalaban horrorizados el incremento del precio de los cereales o el inicio de una nueva catástrofe humanitaria en África.

Las conciencias activas de la sociedad llevan meses acampadas en las plazas de Facebook, en asambleas diarias en Twitter, agarrados a manifiestos de miles de blogs escritos por anónimos indignados. Ciudadanos críticos que están trasladando la defensa de los valores de libertad y justicia a su vida, a su profesión o a su entorno. Que creen en la democracia, que votan y que buscan el cambio de rumbo desde el activismo social. Ciudadanos que crean asambleas
vecinales, que se convierten en militantes críticos de los grandes partidos, que denuncian desde el tejido asociativo, que normalizan las “realidades rechazadas”, que promueven iniciativas legislativas populares, que colaboran con proyectos de periodismo humano, que reclaman ante la administración sus derechos, que se convierten en voluntarios y cooperantes o que simplemente denuncian la injusticia en los medios de comunicación.

Estos días se apunta a la clase política como los culpables de todos nuestros males, pero frente a las denuncias sobre sus privilegios está la mal llamada “picardía española”. Frente a los 2.000 acampados en Barcelona están los 50.000 culés que salieron a la calle para festejar el triunfo del Barca en la Champions. Frente a la exigencia de listas sin imputados están los 1.208.603 votos conseguidos por Camps en Valencia. Frente a los 25.000 concentrados en la Puerta del Sol están las 200 personas que reclamaron un Sahara libre en la última protesta frente a la embajada marroquí.

Indignado, pero con los que practican una indignación “cool” pasiva y sobre todo con la gran mayoría que no se indignará jamás.

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